Ayúdate

INDEFENSIÓN APRENDIDA Y CAUSAS LEGALES

El concepto de indefensión aprendida fue acuñado en 1967, por Martin Seligman, y dice relación con la creencia de que hagamos lo que hagamos no podremos alterar el resultado, negativo, de la situación que sufrimos. Se trata de un estado emocional, no de una patología. Esto es crucial para entender que tiene tratamiento; solución que implica precisamente salir de ese estado para poder creer que podemos superarlo. Allí radica la paradoja.

Al ser una creencia o convicción negativa, es fácil que se produzca un círculo vicioso. Reacios al cambio, producto de la rigidez de nuestro pensamiento y la ausencia de esperanza, terminaremos por confirmar lo temido: no hay nada que hacer. En otras palabras, se tira la toalla. La resignación total actúa como atenuante de la angustia, por eso a veces es más práctico asumir esa actitud de pasividad total.

La teoría de indefensión aprendida se ha relacionado con depresión clínica y otros trastornos mentales “resultantes” de la percepción de ausencia de control sobre el resultado de una situación. Esto no es del todo cierto ya que no es un buen análogo clínico (no son totalmente comparables ambas situaciones aunque a nivel “sintomático” se parezcan, es por ello que en investigación se ha usado la indefensión aprendida como análogo clínico de la depresión); es más, el comparar una situación adversa que se percibe como incontrolable (pero que realmente no lo es) con un trastorno o “enfermedad” mental sería una forma de contribuir a crear una indefensión aprendida: implícitamente se está negando la posibilidad activa (sujeto agente) de cambio que la persona tiene pasando de un lugar (locus) de control externo a uno interno en donde la persona acaba asumiendo que la responsabilidad de esa situación es suya y nada puede hacer (“estoy enfermo, deprimido, no puedo hacer nada salvo ser pasivo/paciente”, etc.) para cambiar el medio o el contexto y mejorar su situación.

Aquí entramos en un terreno delicado. Un diagnóstico apresurado, o errado, puede agravar la situación. Por eso es tan importante escuchar a seres cercanos y observarse a uno mismo. El concepto de locus puede ayudar mucho. Si la persona siente que no puede manejar la situación, ni hacer nada al respecto para mejorarla o cambiarla, si en el fondo entregamos a otros el volante, dejamos de tomar decisiones y de afrontar el problema.

Las causas legales suelen traer consigo estrés y otras problemáticas relacionadas con la salud mental y física. Angustia e indefensión aprendida son dos de ellas. Juicios largos -por dar un ejemplo- con pocos resultados, verdaderos procesos kafkianos, terminan por mermar las capacidades de la persona. De ahí que la persona deba acudir a ayuda profesional durante ciertos períodos y no desgastar también al abogado con temas que obedecen a otra índole. Los temas psicológicos no pueden tratarse con el abogado. Al hacer estos solo se logra entorpecer el proceso y desgastar totalmente al abogado.

La indefensión aprendida puede ser muy nociva para una causa judicial, ya que la persona deja de luchar, por ende, todo el peso recae exclusivamente en los profesionales del derecho. Pensaremos que no hay nada que hacer, que el abogado es pésimo, y que la batalla está perdida de antemano. Además, no seremos capaces de establecer una estrategia personal y legal para afrontar el conflicto.

No hay peor batalla que la que no se da. Ayúdate y no solo mejorará tu psicología y tu visión de las cosas, sino que además tendrás más chances de conseguir resultados positivos en tu causa legal.

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